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Vernissage Estados del Agua. Arte y Tecnología en torno a las poéticas del agua.
La muestra, curada por Graciela Taquini, reunió a 20 artistas en una exhibición vista por primera vez en la Argentina. En la misma se presentan pequeños y medianos objetos concebidos en torno a las poéticas del agua.
La noche inaugural contó con la presencia de más de 300 personas que recorrieron Objeto a probando y admirando las distintas propuestas artísticas, entre ellas ploteos, backlights, instalaciones sonoras, reactivas e interactivas, video-objetos y videoperformances.
El sentido de los opuestos, del disímil choque de contrarios aliterado eternamente, propuesto por Heráclito, se agudiza, se hace explícito, deviene en construcción artística, al ver traducidas sus principales marcas en las huellas de un escenario que incorpora alteridades para conjugar sus series: impulsando, así, un desafío a las lógicas subyacentes de la percepción y la acción. La muestra Estados del agua es capaz de trascender la univocidad a la que el signo suele quedar compelido, el agua que a veces es vida, y otras muerte, adquiere movimiento: el público es Demiurgo de aquello que especta, se erige como productor de movimientos acuosos o dirige con sus manos la lectura del relato mítico de Dogón. De este modo, lo digital de las obras muestra su anverso analógico, o viceversa, estableciendo dinámicas complejas entre ambas esferas.
Una imagen sincrética, formato acabado, digital, de un cuadro pixeles, es distorsionada a través de una segunda pantalla, construida con bolsas de agua de río dispuestas en barras, que fragmenta el mensaje ampliando el marco de interpretaciones posibles. Caminos transversales que propician siempre una nueva bifurcación, laberintos de la comprensión referidos a un único centro: el agua.
Graciela Taquini, curadora de “Estados del agua”, nos invita a un recorrido por cada una de las obras que materializan en las habitaciones de la galería Objeto a la multiplicidad de significados, formas, figuras, fondos a los que el agua como elemento esencial nos remite.
Estados del agua se planteó como una muestra que cruzara arte y tecnología ya que pensar el arte solo desde lo digital, en tanto todos estamos inmersos en la cultura digital, resulta una conceptualización muy amplia o ambigua y, quizá, discriminatoria de determinados elementos analógicos. Para una galería que se llama Objeto a, objeto del deseo, mi intención fue lograr la creación de objetos marcados por lo tecnológico pero a su vez interesantes y poéticos cuyo tamaño sea en la escala necesaria para el espacio que ofrece una galería, que no es el mismo de un museo u otro tipo de recintos. Por otra parte, teniendo en cuenta que una galería vende aquello que expone pensé en la realización de objetos que suscitaran el deseo de ser poseídos. Vine a conocer la galería y me enamoré del lugar, pensé que un buen proyecto para proponer a los artistas era el agua que, como elemento mutante, cambiante, se ajusta perfectamente a distintos soportes de exposición como la pantalla, el recuadro, el video, además de ser una temática que guarda relaciones y connotaciones de tipo sociológico, histórico, filosófico, ecológico y que, finalmente, los 18 artistas han abordado desde puntos de vista inimaginables.
El inicio de esta muestra quizá puede hallarse a partir de la representación de la ausencia de agua planteada en la obra “El cuarto árido” de Marina González, una joven artista que por primera vez hace una instalación: un arenero sobre el que se disponen un grupo de dibujos corporizados y lamparitas para crear un clima muy especial, que reflexiona la figura del desierto no solo desde la carencia de agua sino también como un lugar de soledad, aislado y de conflicto comunicacional para los hombres.
Margarita Bali, autora de Medusas, es pionera del video arte y de la video danza, coreógrafa, bióloga y productora de obras de video danza con tecnología entre las que puede destacarse la intervención del espacio del Ministerio de Educación con una mega exposición fantástica “Pizzurno pixelado”. En este caso el desafío pasaba por lograr la creación de una obra de pequeño formato. Ella, como artista integral, produjo todo: la animación, capturó las imágenes, hizo el photoshop, la coreografía, resultando una presentación en la cual una hibridación de medusas y piernas danzan alrededor de una pantalla circular. En suma, se trata de una instalación autosustentable en pantalla curva, campo eventualmente en exploración por la artista.
El horizonte variable, de Martín Bonadeo, es uno de los claros ejemplos de la interrelación autor intérprete. Realizado con termómetros, con agua colorada y azul, modifica su horizonte en función del número de espectadores participando en la muestra. Al entrar en contacto el termómetro con la palma de la mano, el paisaje marino va cambiando sus formas. Todas las obras fueron construidas para la inauguración de esta exposición menos Nadan, de Marta Ares, que yo había visto en el Malba, y cuyo punto de partida es un poema escrito por ella donde las letras danzan en un espacio abstracto, a la manera de la pintura constructivista, pero que a su vez pude ser interpretado, gracias a sus distintos niveles de profundidad de campo, como una pileta en la que las palabras se van ahogando. Mi jardín, de Daniela Mutis, es una video instalación cobijada de forma orgánica en un marco de madera, donde se muestra la instancia del descongelamiento de diversas flores para aludir al proceso que implica el pasaje del estado líquido al sólido y viceversa. Las flores se mueven según una coreografía muy personal de la artista -proveniente del universo del cine y la televisión- que, capitalizando sus conocimientos sobre danza, propone una poética, un viaje aleatorio a través del transcurrir de las flores en el agua.
Mariela Yeregui, historiadora de arte con vasta experiencia en el universo cinematográfico y especializada en la producción multimedia, nos ofrece una mirada antropológica a partir de un mito africano: Dogón, que evidencia el origen acuático del mundo. Una caja de madera contiene una cinta con la escritura del poema cosmogónico Dogón. A medida que la cinta es tirada, independientemente de la dirección hacia la derecha o izquierda, el texto corre digitalmente y puede ser leído, proponiendo de este modo un diálogo entre lo digital y lo analógico.
En el patio se encuentra 1N1 de Matías Tapia obra que muestra la influencia de Gyula Kosice, el padre de los artistas que han trabajado con el agua, y donde además se articulan varias problemáticas: la del consumo, con una imagen de Coca-cola, la de la percepción del arte, con huellas alusivas a El Hombre Vitruviano de Leonardo Da Vinci, y aquellas que implican al cuerpo en tanto necesidades básicas, con la presencia de las siglas WC que ocuparon los baños públicos a lo largo de la historia y la firma R. Mutt, marca registrada por Marcel Duchamp en su famoso mingitorio. La instalación se presenta así como un lugar plenamente alusivo, intertextual, y con algunos matices del estilo Pop, variables organizadas en un semáforo que actúa como soporte material del sentido de la obra.
Crowe, Rusjan y Wloch se reúnen en “Interactivos 04” (curso desarrollado en Espacio Fundación Telefónica dictado por Mariano Sardón y Rodrigo Alonso), así este grupo de jóvenes, por primera vez juntos en la producción, incursionando en los ámbitos de la plástica, el cine y la electrónica, crean Tensión superficial: una propuesta interactiva donde un líquido que tiene gráfico detecta la acción de una mano sobre su superficie generando nuevas turbulencias, patterns y situando al espectador como demiurgo productor de cambios en la naturaleza del líquido.
Subiendo la escalera Yo veo, de Luis Campos, pionero del video y la video instalación, nos remite a otro estado del agua, que no solo es el líquido o el del hielo, el sólido sino también el gaseoso, el vapor. El film representa a una locación, un café de Buenos Aires, algún café La Humedad, en cuya ventana una mano escribe un graffiti, símbolo de un encuentro romántico; vidriera en la cual también se imprimen frases que nos remiten a la década de los 70: Juventud Peronista, Perón vuelve, y actúan como signos, paralelismos, que detienen su trayecto, para unir la Argentina y la historia a través de parámetros proclives a desentrañar la historia con minúscula y la historia con mayúscula de nuestro país.
Continuando el trayecto ascendente aparece el S/T ploteado en acrílico de María Bedoian, un trabajo tecnológico que exhibe al cactus como reservorio, almacenamiento, del agua. Metáfora de resistencia ante la crudeza del desierto, la planta no oculta sus cicatrices, se encuentra cortada, atacada, violentada.
En Lo que siempre cambia aunque nunca es distinto, Paulino Estela cita a Heráclito para iniciar un diálogo entre pantallas: esculturas tecnológicas que revelan el funcionamiento de los aparatos. Una tecnología visible donde, por un lado, está la imagen del río, y, por el otro, un líquido creado por el artista se mueve según el ritmo de determinados patterns musicales, sonoros.
Marina Rubino artista con procedencia del cine documental y de la plástica combina, en La colección, esas dos maneras de concebir el arte. El contenido documental de escenas de mujeres de la cultura Wichi, condenadas a recoger todos los días, para su pueblo, agua de una vertiente contaminada de arsénico, exhibido en una pantalla normal se articula con una especie de filtro superpuesto, armado con bolsas de agua propias del río Bermejo, que van pixelando, deconstruyendo la imagen, logrando a partir de la fusión de colores, un efecto plástico analógicamente digital. La autora rememora el mito de Sísifo, relato del trabajo inútil y sin esperanza, extendiendo el mensaje de la obra a varios niveles de lectura posible en los que interviene la historia, la antropología, la sociología y la ideología.
En la parra del patio Osmos, una instalación sonora interactiva de Luciano Azzigotti, durante un mes captó a través de una computadora las voces y ruidos producidos por los visitantes de la muestra, sonidos que luego fueron codificados en lo que podríamos denominar como un mar sonoro.
Junto con las instalaciones quise tener elementos de video arte, en este caso video perfomances, acciones para la cámara. Este aspecto se lleva a cabo con la incorporación de cuatro videos que tematizan el ahogo. Obras que proponen distintas enunciaciones; desde la referencia histórica del arte cercana a veces a lo literario, hecho que se manifiesta en Ofelia en el cristalino arroyo (Julieta Anaut e Ignacio Laxalde) al recuperar las voces de Shakespeare y del prerrafaelista Millais y en Me intimido (Paula Gaetano) que alude al mito de Narciso y la idea del mirar y ser mirado, pasando por el testimonio gracioso de un sueño premonitorio que nos brinda Mar de verano (Marta Cali) hasta la relación íntima con el cine evidente en R como Río (Enrique Aguerre).
 
Fotos del evento